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La belle époque | por Javier Ferrer i Serra

Joaquín Sorolla. María con sombrero. Colección privada
Joaquín Sorolla. María con sombrero. Colección privada
Giovanni Boldini, Cléo de Mérode. Colección privada © Giovanni Boldini, VEGAP, Barcelona, 2011
Giovanni Boldini, Cléo de Mérode. Colección privada © Giovanni Boldini, VEGAP, Barcelona, 2011
Henry Toulouse-Lautrec. Retrato de Gaston Bonnefoy, 1891 © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza
Henry Toulouse-Lautrec. Retrato de Gaston Bonnefoy, 1891 © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza
Giovanni Boldini. La mujer de rosa. 1916. Galleria d'Arte Moderna e Contemporanea, Ferrara.
Giovanni Boldini. La mujer de rosa. 1916. Galleria d'Arte Moderna e Contemporanea, Ferrara.
         
Como magistralmente describe Oscar Wilde en su novela "El Retrato de Dorian Gray", en la que al protagonista se le invita a un pacto fáustico. En la ficción literaria como en la vida real, el retrato simula detener el tiempo, nutre la vanidad congénita del ser humano, y se configura como máscara mortuoria al fijar la memoria de un instante perecedero. Consecuentemente, el retrato, como género de la pintura , nace de manera inseparable a la consciencia de la muerte y a la necesidad de singularizar al ser humano.
Una exposición dedicada al retrato, como ésta, por definición, cruza los confines de la expresión de lo singular, de lo individual hacia lo colectivo en varias direcciones. El retrato es la representación de la figura humana, en su estado mas natural pero también es una idealización, una elaboración convencional, una manifestación de un inconsciente colectivo, una encrucijada entre lo que uno es y lo que se espera que uno sea, perpetuo debate entre verdad y apariencia. Característica muy remarcable de la sociedad de la Belle Époque, a la que Valeriano Bozal dedica, apoyado por las irónicas crónicas de las novelas de Wharton, Mann, Proust o James, agudas alusiones en el magnífico catálogo editado.
Como a través de una lente, de modo fragmentario o ampliado, el pintor interpreta con mayor o menor apego por lo real, sometido por su propio estilo, por el sentir de una época, por la presencia de características de una escuela, a un ser humano y mucho más allá a un alma, a un grupo humano y a la vez a una institución social, o en su autocontemplación de Narciso, a él mismo en el ejercicio de un ceremonial casi obligatorio.
La exposición que comisarían Tomás y Boye Llorens, bajo el título de "Retratos de la Belle Époque", además de ser una exposición sobre un género, tiene la amable virtud de devenir inmediatamente en categoría superior, en construcción taxonómica. Es una exposición sobre el retrato y, a su vez, un retrato sobre el retrato, que con la cota temporal de una “ Bella época”, da cuenta de un momento histórico histriónico y ciclotímico, atravesado por la euforia de un arranque económico en alza y una guerra mundial como colofón ,donde los salones son ocupados por estetas y dandis o por mujeres que se convierten, por primera vez, en sujetos. La exposición puede considerarse, por tanto, en un ejercicio complejo de categorización cultural de dimensiones didácticas, que hace repaso de lo genérico a lo específico del género y de la época. En ese preciso instante, empresarios y artistas se confunden. Sargent, Boldini, Abbot y el mismo Sorolla, son venerados por una burguesía hambrienta de boato, segura de su influencia, necesitada de placeres, que ve en el retrato una celebración de su éxito, hasta el punto de que se resucitan códigos formales propios del "Retrato de aparato".
 
La exposición se subdivide en apartados, el dedicado al autorretrato es parada necesaria, y nos ofrece la mirada del artista como Narciso . En otro es el retrato de sociedad como ceremonial o Toulouse- Lautrec, retratista de la figura en singular. Quizá, lo único que echo en falta en la exposición es una alusión al lenguaje plástico del momento, ya fuera en relación con la pintura o de manera aislada, un repaso por la todavía joven pero vigorosa fotografía de retratos de Nadar, Cameron, Stieglitz, Steichen o Octavius Hill, epicentro de un interminable y fructífero diálogo.
Javier Ferrer i Serra
La exposición Retratos de la Belle Époque permanecerá abierta hasta el 26 de Junio en el Centro del Carmen. C. del Museo, 2-4 Valencia, España.

 

 

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