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Oriol Vilanova + Antoni Tàpies: doble inauguración en la Fundació Tapies

5 febrero, 2017 - 6 febrero, 2017

El coleccionismo compulsivo al que Oriol Vilanova se rinde los domingos escarba en las ruinas de la sociedad del espectáculo, la misma que impulsó una ingente producción y circulación de imágenes. Tal como imagina el artista “los mercados de pulgas ahora son santuarios” en los que un objeto tan banal como la tarjeta postal sigue brillando entre el polvo.

Domingo tras domingo, Oriol Vilanova (Manresa, 1980) se adentra en los mercados de pulgas. Allí acostumbra a adquirir postales que en otro tiempo circularon por todo el mundo. Su estado natural, hoy en día, es el de una máxima dispersión, una impresión que se agrava al comprobar que en los encantes estas imágenes conviven con libros usados, revistas, cómics, cromos, sellos, monedas, películas y videojuegos desechados. Domingo (2017), la instalación que ocupa los dos espacios principales de la Fundació Antoni Tàpies (niveles 1 y -1), muestra la totalidad de las tarjetas postales coleccionadas por Oriol Vilanova. Reunidas durante más de quince años, cada una de ellas entra a formar parte de una sección temática. La colección cuenta ya con cerca de treinta y cuatro mil postales y un centenar de secciones que permiten clasificarlas.

Dada la formación del artista, los motivos arquitectónicos son los más frecuentes. Otros temas tan diversos como arcos de triunfo, banderas suizas, carreteras, gatos, naranjas, puestas de sol y zoos, entre muchos otros, conforman un museo de todas las épocas y ámbitos geográficos. Una de estas secciones, a la que el artista se refiere con el término “inclasificables”, deja la puerta abierta a nuevas incorporaciones. El constante crecimiento de esta obra enfrenta al artista a una promesa de acumulación perpetua. En este sentido, Domingo adopta una forma provisional, temporal y contingente. Su réplica se encuentra al descender las escaleras que conducen a las galerías subterráneas (nivel -2). Para ser preciso (2017) acumula en un espacio angosto y reducido el mismo número de postales que se han desplegado en Domingo .

La gestión de tal cantidad de tarjetas inspira una serie de intervenciones que modifican paredes y columnas, de la misma manera que se hace con las imágenes en un entorno digital, clonándolas comprimiéndolas o borrándolas. Así es como 1990 (2017) y Complet (2017), corren el riesgo de pasar desapercibidas. Ambas han sido instaladas en la planta de la Biblioteca de la Fundació Antoni Tàpies (nivel 1), pero su funcionalidad despierta serias dudas.

Antoni Tàpies. Pintura-bastidor (Stretcher-Painting), 1962. (c) Fundació Antoni Tàpies, Barcelona / Vegap. De la Fotografía: (c) Gasull Fotografía, 2016

A finales de la década de 1960 Antoni Tàpies acentuó el trabajo con objetos. Este interés, sin embargo, no era nuevo. Tàpies ya se había adentrado en el mundo de los objetos desde el inicio de las pinturas matéricas, incluso antes si se tienen en cuenta obras como Capsa de cordills (Caja de cordeles) y Fils i argolla (Hilos y argolla), ambas de 1946. En 1956 realizó para el escaparate de la tienda de ropa Gales del paseo de Gracia de Barcelona la obra Porta metàl·lica i violí (Puerta metálica y violín). Esta intervención se enmarcaba en la creación de cinco escenarios navideños organizados por Alexandre Cirici. Con una voluntad provocativa, Tàpies trasladaba al interior de una tienda burguesa un objeto estridente y feo que suele estar en el exterior de los comercios, y lo contraponía a un violín: el arte nuevo en oposición a lo que es tradicional y clásico, la poesía de la calle en oposición a la institución cultural.

La producción objetual de Tàpies constituye una parte importante de su obra de madurez. Tal como ocurría con las pinturas matéricas, Tàpies pretendía vincular con los objetos su obra a lo que es real, concreto y material. Por ello, los objetos que atraían su atención formaban parte de su entorno, como pilas de platos o de periódicos, escobas, sillas o servilletas dobladas. Tàpies los incorporaba a la superficie del cuadro, hacía ensamblajes o los representaba sobre una superficie bidimensional. Algunas de estas obras aluden a episodios concretos, tales como Pila de plats (Pila de platos, 1970) y Escombra (Escoba, 1965), que hacen referencia a los hechos de la Caputxinada (1966); otros dejan traslucir el fértil intercambio de ideas con el poeta visual Joan Brossa, como es el caso de Ouera i diari (Huevera y periódico) y Mirall i confeti (Espejo y confeti), ambas de 1970. En todo caso, eran

objetos con los que el artista se sentía identificado: objetos banales, usados, de muy poco valor, sin ninguna carga narrativa o anecdótica. Tàpies no quería, como habían reclamado los surrealistas unas décadas antes, crear conexiones ocultas entre el consciente y el inconsciente, sino presentar objetos anodinos pero auténticos. Este trabajo con objetos coincide con un incremento de su compromiso político. En vez de concebir una política pública, impracticable bajo la dictadura, Tàpies instituye el territorio de la intimidad.

La exposición se completa con unas notas manuscritas de Joan Brossa, dirigidas a su compañera y que pertenecen al ámbito doméstico, esparcidos entre los objetos de Tàpies.

Top Image: Oriol Vilanova. D iumenge (2017). Fotografia de Roberto Ruiz. Fundació Antoni Tàpies, Barcelona, 2017.

Detalles

Comienza:
5 febrero, 2017
Finaliza:
6 febrero, 2017

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